EQUYNOS - Coaching con caballos y Desarrollo Personal | Cómo conseguí quitarle el miedo a subir a un remolque a un caballo que tenía fobia y sentía pánico de estar dentro
Conseguí neutralizar la fobia de Dulcinea al remolque con paciencia, calma, firmeza y, sobre todo, regulando mucho mi estado emocional y energía interna para ser capaz de transferirle tal sensación de seguridad y confianza que anulen cualquier miedo. Antes he necesitado aprender a leer su cuerpo y a percibir y comprender en qué nivel e intensidad estaba su energía y su estado emocional para saber cuando pedir y cuando no. Es imprescindible saber todo esto para saber detectar cuando bloquear y cuando soltar.
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Cómo conseguí quitarle el miedo a subir a un remolque a un caballo que tenía fobia y sentía pánico de estar dentro

Dulcinea dentro remolque

Cómo conseguí quitarle el miedo a subir a un remolque a un caballo que tenía fobia y sentía pánico de estar dentro

VIRGINIA Solera, una de las fundadoras de la Asociación y albergue CYD Santa María para caballos abandonados y maltratados, me ha pedido que le envíe un vídeo en el que se vea el estado en que está actualmente Dulcinea, la yegua que cedieron en adopción a mi amiga Virginia -sí, otra. Se llaman igual, casualidades de la vida- hace ya 7 años y que de cuyo cuidado me ocupo.

LA intención del CYD es comprobar cómo se encuentran los animales que dan en adopción y, sobre todo, contar con testimonios e imágenes que demuestren que los caballos que ceden proporcionan a sus responsables o cuidadores (no me gusta decir dueño ni propietario. Se puede ser dueño de cosas pero no de otro ser) tantas o más satisfacciones que los comprados.

ADEMÁS de contar cómo se encuentra Dulcinea, me pide que se le vea haciendo algo simpático o curioso… Y no se me ha ocurrido nada más curioso que la viera montar en el remolque. Para entender el porqué de este vídeo tienes que conocer la historia que hay detrás.

LA última vez que Virginia Solera vio a Dulcinea subir en un van de caballos fue cuando nos la llevamos del albergue del CYD.  Y costó dos días que subiera. Sí, has leído bien: dos días. Dulcinea tenía auténtico pánico a entrar en un remolque. Y todos los motivos del mundo para que así fuera.

EL CYD había entregado ya dos veces a Dulcinea en adopción y, a pesar del cuidado que Concordia y Virginia tienen a la hora de elegir a las familias de acogida, las dos veces salieron rana. En ambas ocasiones, Dulcinea cayó en manos que no la supieron atender y la hicieron sufrir. En el tiempo que estuvo fuera del albergue perdió a su primer hijo y, la segunda vez, por poco pierde también a su segunda cría.

CUANDO el CYD tenía conocimiento de lo que pasaba, la volvía a rescatar y a hacerse cargo de ella. Cada vez que salía del albergue, la vida de Dulcinea se convertía en una tragedia. La última vez que la recuperaron la vieron tan afectada física, mental y emocionalmente que decidieron no volverla a dar en adopción. A pesar de ser una yegua joven y sana se quedaría a vivir en el albergue.

SIN embargo, cuando mi amiga Virginia y yo visitamos el albergue y estuvimos con los caballos, Concordia debió ver algo que le hizo cambiar su decisión. Nos contó toda la historia de Dulcinea y nos dijo que se había hecho la promesa de que no se la volvería a entregar a nadie porque ni la yegua ni ella soportarían otra decepción, pero que “algo” le decía que había una oportunidad.

CUANDO fuimos al CYD ni mi amiga ni yo íbamos con la idea de adoptar a ningún caballo. En realidad, yo me los

Concordia Márquez, presidenta de CYD Santa María, con Dulcinea en su primera visita a Equynos

Concordia Márquez, presidenta de CYD Santa María, con Dulcinea en su primera visita a Equynos

hubiera llevados a todos nada más llegar… si hubiera podido, pero mi situación no me permitía llevarme ni a uno. Tenía a dos en casa y mis medios no daban para más.

Y mi amiga, que hacía unos meses que había empezado a montar a caballo, sentía que apenas conocía a estos animales y que su estilo de vida no era el más compatible para hacerse cargo de un caballo. Sin embargo, conocer a Dulcinea la conmocionó y le puso el alma patas arriba.

CONCORDIA, su hermana Virginia y yo decidimos dejar a mi amiga y a Dulcinea a solas. La yegua estaba suelta en un paddock. Y recuerdo que Concordia al notar mi mirada preocupada por dejar a Virginia sola con la yegua me dijo: “tranquila, que no le va hacer nada”.

CUANDO nos alejábamos miré para detrás y vi a Dulcinea acercarse muy despacio hasta mi amiga y tocar con su hocico primero su pecho y después su frente. Y después la vi situar su cabeza y cuello sobre mi amiga. Actuaba con ella como si fuera su potrita.

MI amiga apareció media hora después con la cara transformada e incapaz de expresar cómo se sentía. Y ahí fue cuando Concordia, después de mirar a su hermana, nos dijo que estaba dispuesta a romper la promesa que se había hecho a sí misma y a Dulcinea de volverla a dejarla salir del albergue.

PASARON unas semanas de esa visita, en las que mi amiga pensó, sopesó y estudió la posibilidad de adoptar a Dulcinea. La idea era que ella la adoptaba pero estaría en La Querencia (mi casa) para que viviera junto con Iza y Condesa.

La idea me entusiasmó, así que ampliamos y adecuamos las instalaciones de La Querencia para traer a Dulcinea y fuimos a Málaga a por ella.

CUANDO llegamos, Concordia nos dijo que la disculpáramos porque no iba a estar durante la carga de Dulcinea; que las otras veces que la habían dado en adopción había sido ella la que la había montado y que cuando luego tenía que ir a rescatarla de nuevo se le partía el corazón al cruzarse con su mirada rota por el dolor y la tristeza. Y que, aunque, sabía que estaba vez no se equivocaba y que se lo había explicado a Dulcinea, la yegua no lo terminaba de creer.

A la hora de subir a Dulcinea en el remolque estaba el encargado el albergue, un par de los voluntarios más antiguos y expertos en manejo, mi socio en aquella época, Virginia y yo. Todos estábamos emocionados, por lo que significaba Dulcinea y el viaje, pero tranquilos.

NO teníamos prisa y sabiendo lo que sabíamos queríamos Dulcinea subiendo remolqueque la yegua subiera bien. Y lo cierto es que a Dulcinea se le veía bastante tranquila hasta que empezaba a entrar en el remolque. Avanzaba hasta que tenía casi la mitad del cuerpo dentro, pero de repente tiraba para detrás como impulsada por un resorte. Así una vez, y otra, y otra, y otra.

PROBÓ el encargado. Mi socio. Yo.  Los voluntarios… Hasta Virginia. Probamos dándole zanahorias. Probamos incluso cruzando cuerdas por detrás para bloquear la marcha atrás… Probamos todo lo que sabíamos y conocíamos. Todo, excepto pegarle. Ni con fusta ni con nada, en el CYD es algo que ni si quiera se contempla.

NO había forma de que metiera todo el cuerpo dentro de la caja del remolque. Unas veces entraba algo más que otras, pero antes de estar totalmente dentro algo en su cerebro hacía “click” y tiraba para detrás como si le fuera la vida en ello.

ESTUVIMOS varias horas y aunque la yegua estaba cada vez más cansada y nerviosa ni una vez, ni una sola vez hizo un gesto defensivo –más allá de tirar-. Ni un empujón, ni un bocado, ni un amago de coz. Se resistía a entrar pero no peleaba.

ESTÁBAMOS desesperados porque veíamos que la yegua había entrado en un bloqueo mental que no conseguíamos desactivar. Al final, Concordia, quien cada equis tiempo llamaba para saber cómo íbamos, nos dijo que lo dejáramos estar. Que si no nos suponía problema nos quedáramos hast a el día siguiente que vendría Sergio, un indio que había trabajado en el CYD algún tiempo y que hacía maravillas con los caballos más complicados.

LLEGÓ la mañana siguiente y allí estábamos todos otra vez. Medio esperanzados y medio escépticos. Al poco llegó Virginia con Sergio. Se dirigió hacia Dulcinea, la cogió, le habló, la acarició, la movió y se la llevó hacia el remolque. Ella le seguía como un corderito hasta que su cabeza se introdujo en el remolque y ahí volvió a salir disparada hacia atrás.

SERGIO le silbó, la miró, le volvió a hablar suavecito y la tranquilizó. Después se dirigió hacia nosotros y nos dijo: “quiere entrar pero el pánico que tiene por todo lo que asocia al remolque es más fuerte que su deseo. Dadme diez minutos que la trabaje, lograré que entre pero tenéis que estar muy atentos para cerrar las puertas muy rápido en el momento en que meta los posteriores”.

Y así fue. En el momento que cerramos las puertas y pusimos las barras. Cuando vio que no podía salir, Dulcinea se puso nerviosa, pero la calmamos y al rato se puso a comer alfalfa y heno de la malla que había colgada dentro del remolque tan tranquila. Iniciamos el viaje a casa y durante todo el trayecto se portó de maravilla. Cuando llegamos a casa salió del van de forma suave y calmada.

CONCORDIA llamó para saber cómo había ido el viaje y cómo estábamos Dulcinea y nosotros. Me explicó que cuando un caballo tiene pánico a subir al remolque y se consigue que suba no es aconsejable actuar como lo hicimos con Dulcinea. Es decir: subirlo, cerrar y viajar durante varias horas. Que se había decidido actuar así como medida excepcional y porque las circunstancias y el bienestar de la yegua lo aconsejaban.

ME contó que el caso de Dulcinea no era tanto que tuviera miedo a un espacio pequeño, oscuro, cerrado, que suena hueco y se mueve bajo sus pies (que son las razones del miedo habitual que provoca el remolque en  los caballos) sino que era más un trauma mental y emocional.

Los caballos pueden tener fobias como las personas

 

LO de Dulcinea era una fobia, un bloqueo mental que le provocaba una reacción automática, surgida como consecuencia de que cada vez que había entrado en un remolque y viajado su vida se había convertido en un infierno. Era un miedo que había echado raíces en su mente a nivel consciente e inconsciente.

LOS caballos pueden sentir fobias igual que nos ocurre a las personas. Una fobia es un tipo de trastorno de ansiedad. Es un temor fuerte e irracional de algo que representa poco o ningún peligro real. Dulcinea subiendo al remolque 3

COMO ya he contado en otros artículos conquistar la confianza de Dulcinea y erradicar sus miedos (a la ducha, a la montura, a la embocadura….) nos llevó tiempo, pero poco a poco íbamos quitando bloqueos como el que va quitando capas de una cebolla.

CONSEGUIMOS quitarle incluso el miedo a las jeringuillas y los pinchazos (también tiraba como una posesa), pero no lograba erradicar el pánico que le tenía al remolque. Habíamos conseguido que entrara hasta el fondo, pero no que se quedara tranquila dentro el tiempo que quisiéramos sin que ella sintiera el impulso de tirar hacia atrás.

HACE un tiempo que conseguí neutralizar la fobia de Dulcinea al remolque. ¿Cómo? Con paciencia, calma, firmeza y, sobre todo, regulando mucho mi estado emocional y energía interna para ser capaz de transferirle tal sensación de seguridad y confianza que anulen cualquier miedo.

ANTES he necesitado aprender a leer su cuerpo y a percibir y comprender en qué nivel e intensidad estaba su energía y su estado emocional para saber cuando pedir y cuando no. He necesitado aprender el lenguaje de los caballos, la comunicación emocional y los secretos de un liderazgo inspirador. Es imprescindible saber todo esto para saber detectar cuando bloquear y cuando soltar.

TAMBIÉN he necesitado aprender a regularme yo, a que hiciera lo que hiciera el caballo mi energía interna nunca podía estar tensa ni podía descontrolarse.  Cuando conseguí interiorizar a nivel celular eso fue cuando conseguí neutralizar el «click» que activaba en su cabeza cada vez que empezaba a entrar a un remolque.

DESACTIVAR un miedo no significa que desaparezca de la mente del caballo (o persona). Hay que ser consciente que ese tipo de pánicos están grabado a nivel inconsciente y lo que se graba ahí no se  borra nunca. Es una marca de por vida.

HAY que ser conscientes de que existe la posibilidad de que ante una circunstancia determinada o un inadecuado manejo se puede volver a reactivar. Si se da esa situación, recuerda tienes que lograr que la seguridad y tranquilidad que sienta a tu lado sea más fuerte que su miedo.

Si te ha gustado este artículo,  por favor, compártelo para que consigamos que cada vez haya más personas que respeten a los caballos y a los animales. Gracias.

 

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