Dulcinea, el caballo que cambió mi vida (2)

TE prometí contar porqué Dulcinea cambió mi vida, pues aquí tienes la historia.

A Dulcinea la conocí la primera vez que visité el alberg ue para caballos abandonados y maltratados CYD Santa María. Llevo grabado lo que sentí al ver el lugar por primera vez: paz. Pura paz. Ese lugar emana tranquilidad y armonía. No era lo que me esperaba. Me sorprendió ver docenas de caballos sueltos por diversos paddocks pastando tranquilamente. No era la imagen que  imaginaba encontrar en un lugar que acoge a animales desahuciados por sus dueños.

CONCORDIA y Virginia, las responsables del centro, me mostraron las instalaciones y fueron contando la historia de algunos de los caballos y las condiciones en que habían llegado. Los había con una pata destrozada, con un ojo menos, con el dorso quebrado…. o con un navajazo en una oreja: Dulcinea. Otros presentaban otro tipo de daño no visible a los ojos.

LO que ese día vi y oí me hizo sentirme egoísta. Hasta ese momento sólo había pensado en hacer lo que estuviera en mi mano por darle el mejor trato posible a Iza, mi yegua. Llevaba tiempo estudiando todo lo que podía sobre cuidado del caballo, asistiendo a cursos de formación sobre etología equina, doma y manejo de caballos… Mi intención era saber todo lo posible de caballos para disfrutar con el Caballos alberguemío y que él también disfrutara.

DURANTE la visita al CYD Santa María y la conversación con Concordia y Virginia tomé consciencia de que la gran mayoría de caballos que eran abandonados y maltratados, lo eran más por ignorancia y desconocimiento de las personas sobre estos animales, que por maldad o egoísmo.

ENTENDÍ que el maltrato animal es sobre todo un problema de educación y cultura. Y que ningún animal, y mucho menos un caballo, se merece que se la haga daño o se le abandone. Y sentí que algo se me rompía por dentro y que tenía que hacer algo que para acabar con eso, algo que permitiera a la gente «ver» la auténtica naturaleza del caballo y cuánto bien puede hacer su simple compañía, pero no sabía qué era lo que podía hacer.

UN mes después Dulcinea llegó a casa, a La Querencia. La adoptó una amiga.  Me pidió que la cuidara y que les ayudara a confiar la una en la otra y a entenderse (era la primera vez que ella tenía un caballo). Era  un reto: ayudar a un caballo víctima de graves maltratos y a una persona sin ningún conocimiento de caballos a establecer un vínculo de confianza.

A medida que trabajábamos , crecía mi interés y curiosidad sobre cómo mejorar la relación entre personas y caballos y favorecer su conocimiento. Cuando, por fin, vi a Dulcinea y Virginia disfrutar de su mutua compañía, supe a qué quería dedicar mi vida.Coaching con caballos- Dulcinea

HAN pasado varios años y mi trabajo se centra en enseñar a la gente cómo manejar y comunicarse con un caballo para crear un vínculo de confianza y al coaching con caballos. Y lo más curioso de todo es que Dulcinea es el caballo que más me ayuda en estas formaciones. Sus intervenciones en las consultas y talleres de coaching son sencillamente magistrales.

 

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