Podemos aprender a gestionar las emociones, pero no a controlarlas. No es lo mismo gestionar que controlar.

Una emoción es una reacción de nuestro cuerpo transmitida a través de nuestro sistema nervioso, que nos aporta información que deberíamos tener en cuenta.

Cada emoción tiene una función y un mensaje, y la gestión emocional supone realizar un proceso de aproximación objetiva a nuestras emociones con el fin de integrar su significado a lo que somos con el fin de orientar nuestra actuación presente y futura de mejor manera.

Necesitamos experimentar las emociones para comprenderlas. Controlar las emociones significa sujetarlas, frenarlas y reprimirlas. Al hacer eso estamos censurando el mensaje que esa emoción trae consigo y bloqueando el conocimiento propio.

Como dijo José Luis Sampedro, «nada debe ser asfixiado en embrión. No debemos matar nada dentro de nosotros antes de que nazca, que nos traiga lo que sea, su mensaje de dolor o de júbilo».

(Extracto del libro ‘La mujer que aprende de los caballos’)

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