«Mi caballo no me obedece», «mi caballo no me hace caso», «mi caballo pasa de mí, hace lo que le da la gana», «cada vez que quiero montar en mi caballo es una lucha»…. estas son algunas de las frases que más veces he oído en los últimos 25 años. Lo curioso es que con el paso del tiempo las he ido escuchando con más frecuencia…

En un cuarto de siglo no sólo no ha mejorado la situación, sino que ha empeorado. Es cierto que en ese tiempo mi contacto con el mundo ecuestre también ha ido a más, pero me sorprende que durante esos años se hayan realizado y extendido importantes avances en monturas, remolques, productos para el rendimiento y cuidado del caballo… y,  sin embargo, los conflictos entre los caballos y las personas que los tratan continúen a la orden del día. Y es un problema que va a continuar hasta que no se produzca un cambio radical de mentalidad a la hora de ver y entender la relación humano-caballo.

Todos los problemas que las personas tienen con los caballos se reducen a uno: no existe una buena comunicación persona-caballo.

 

La gran mayoría de las personas creen que el caballo está para satisfacerles, es decir, para que haga lo que ellas quieren, pero no se han parado a pensar ni por un instante que la forma de ver y estar en el mundo de un caballo y de comunicarse no tiene nada que ver con la nuestra.

Imagínate que te cruzas con un marciano o con algún ser de otro planeta y que te pones a hablarle y a decirle que quieres que haga algo y te cabreas porque no lo hace. Lo lógico es que el marciano al verte tenso y mosca con él, se sienta incómodo y que no quiera tu compañía y prefiera estar lejos de ti. El marciano al principio no tiene ningún problema contigo, simplemente no te entiende porque pertenecéis a dos mundos diferentes y vuestro idioma es distinto.

Un caballo no es un marciano, pero como si lo fuera.

 

El caballo es un animal de este planeta pero su percepción del mundo es totalmente diferente a la nuestra. Nosotros, los humanos, somos depredadores, y los caballos son presas, es decir, son animales que son cazados y comidos por depredadores como nosotros (hoy sigue habiendo personas que comen carne de caballo), y esa realidad hace que no veamos el mundo igual.

El animal con el que más ha convivido el ser humano a lo largo de la historia es el caballo, más incluso que con el perro.

 

Ese hecho ha provocado que la presencia de este animal nos resulte tan familiar (da igual si has visto a uno de carne y hueso o no. A cualquier niño tú le mencionas la palabra caballo y te señala el dibujo y la foto de uno) que nos creemos que nos entiende, igual que lo hacen los perros. Y no. Primero porque un caballo no es un depredador. El perro, sí; y eso le hace que tenga bastantes códigos semejantes a los  nuestros.  Además con los perros convivimos más, o pasamos más tiempo con ellos y  es normal, por tanto,  que entiendan mejor nuestras indicaciones.

En los talleres y cursos de comunicación con caballos trabajamos las claves para construir un canal que permita a cualquier persona saber qué le está diciendo el caballo y  a la vez decirle al caballo de forma clara y sencilla qué es lo que quiere o espera de él.

Foto: Virginia García

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