La comunicación es vital para todos los seres vivos. Para nosotros, también. Si no comunicamos estamos muertos. Y no, no es ninguna exageración ni una frase hecha. Es la pura verdad. Solemos pensar que comunicamos sólo cuando hablamos y/o escribimos, pero no es así. Comunicamos todo el tiempo. Cada segundo. Desde que nacemos y hasta el último aliento.

Cada uno de nosotros somos un medio de comunicación masiva. Piensa en todo lo que haces al cabo del día, de la semana, del mes… y con cuántas personas te relacionas, te cruzas… Que sepas que a todas ellas les estás lanzando mensajes, aunque no les dirijas ni una palabra. Y ellas a ti. Sí,  porque comunicamos a través de nuestro cuerpo.  Lo que ocurre es que la mayor parte del tiempo no somos conscientes de ello, pero eso no quiere decir que no los emitamos y captemos. Que no nos demos cuenta no quiere decir que no existan.

Soy periodista y me apasiona la comunicación. Y las palabras. Durante años creí que la comunicación se basaba en eso, en las palabras. Creo que las palabras son capaces de crear la realidad, o mejor dicho, una parte parte de la realidad; de ahí la importancia y utilidad de la PNL (Programación Neurolingüística), pero hay algo mucho más importante que las palabras: nuestro cuerpo.

Todo lo que comunicamos tiene su origen en el cuerpo, incluidas las palabras. Somos a través de nuestro cuerpo. Porque sentimos con y en él. Creo que más que “el pienso, luego existo” de  René Descartés lo que nos define es “siento, luego soy”. Somos porque sentimos. Y somos según sentimos. Somos seres emocionales, sobre todo.

La neurociencia ha demostrado que los pensamientos están conectados con las emociones; y que éstas son primero y después vienen los razonamientos y con ellos, las palabras. Es decir, que primero somos emoción y después razón. De hecho, somos mucho más emocionales que racionales. Lo sé, no porque lo digan los neurocientíficos, que lo dicen, sino porque los caballos me lo han enseñado.

He de confesar que las claves más importantes de la comunicación no me las enseñaron en la universidad ni en ninguno de los medios y gabinetes en los que he trabajado. Allí aprendí técnicas muy interesantes y útiles, pero los principios de la verdadera comunicación los he aprendido junto a los caballos.

Los caballos son verdaderos maestros en el arte de comunicar. Su vida depende de ello. Y llevan 50 millones de años viviendo en este planeta, mientras que la primera evidencia de criaturas parecidas a los homínidos se remonta a cuatro millones de años. O sea que tienen mucha más experiencia.

Los caballos, al igual que nosotros, son seres emocionales y sociales cuya supervivencia en el entorno natural depende de  su relación con los demás miembros de su manada. Necesitan comunicarse para comer, para beber, para defenderse, para procrear… Para vivir. Como nosotros.

Están comunicándose todo el tiempo, aunque no lo parezca. No lo parece porque los équidos apenas utilizan sonidos. La razón es porque los depredadores los localizarían más rápido. Por eso son tan silenciosos. No quieren llamar la atención por si hay cerca un puma sin merendar.

Los caballos se comunican básicamente con el cuerpo y la energía. Es decir, son especialistas en el lenguaje no verbal. En expresarlo y en “leerlo” porque -como he dicho- su vida depende de captar, de ver y “oír”,  lo que los demás están diciendo.

Tal y como cuento en mi libro La mujer que aprende de los caballos, cuando empecé a trabajar con ellos creía que respondían a las señales y movimientos que yo hacía de forma intencionada. Sin embargo, descubrí que  los caballos captaban mucho más. Perciben gestos, movimientos e incluso tensiones musculares y respiraciones de las que yo no soy consciente.

Así fue como comprendí que con nuestro cuerpo comunicamos mucho más de lo que creemos y que hay señales que no podemos controlar por mucho que queramos; y lo más importante: que esas señales son las que dicen qué es lo que estamos sintiendo realmente en ese momento. En el libro comento varios estudios científicos que han constatado la capacidad de los caballos para captar nuestras emociones y lo que expresamos a través de nuestros movimientos y energía.

El cuerpo es el canal por el que aflora lo que sentimos y, por tanto, un excelente medio para entrenar y mejorar nuestra inteligencia emocional.

En los últimos años gran parte de mi trabajo dentro y fuera del mundo del caballo se basa en la comunicación no verbal y su importancia e influencia en las relaciones que tenemos con los demás e incluso con nosotros mismos. A medida que eres consciente de lo que tu cuerpo siente y expresa, el concepto e imagen que tienes de ti cambia. Lo que tiene unos efectos impresionantes en la autoestima, en cómo interactuamos con nuestra pareja, hijos… e incluso en el trabajo y con los clientes.

Todas nuestras emociones se manifiestan en el cuerpo. Es su medio natural, e inevitable, de expresión. El cuerpo es el canal por el que aflora lo que sentimos y, por tanto, un excelente medio para entrenar y mejorar nuestra inteligencia emocional.

No lo olvides: tu cuerpo siempre está hablando. Y  puede que tú no seas consciente de lo que estás expresando pero eso no quiere decir que la otra persona (o animal) no lo capte. De eso hablaré en otro artículo.

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